Carmen Bruna
Seleção de poemas da Antologia de La Poesia Cosmica, Tanatica e Alucinógena, da poeta argentina Carmen Bruna, traduzidos por Ana Lúcia Franco
POEMADÉCIMA NONA EDIÇÃO
8/10/20267 min read


TORRE INFINITA
Choro porque subi a uma torre
da qual não posso descer,
choro por todas as coisas perdidas que não recuperarei,
choro porque cresci e não consigo suportá-lo,
porque perdi o centro de gravidade do amor,
porque me perdi numa selva
onde todos os que estão comigo
são fantasmas translúcidos
e, como nos romances policiais, procuram
minha loucura e minha extinção,
porque tenho medo da morte
e, no entanto, sigo-a com passos cautelosos
para que ela me olhe e acabe comigo no acaso
do ponto e banca,
porque me repudiaram e trouxeram à luz
todos os meus defeitos,
porque sei que dei tudo o que possuía
e agora que estou nua lançaram meu coração
à água barrenta do pântano,
porque já não há canções para mim,
porque também fui enganada
e expulsa do Éden sem contemplações.
Coração de cristal, vais explodir de desespero
na charneca musgosa;
toda a magia do mundo não será suficiente
para preservar o ritmo dos teus batimentos solitários,
nem o feitiço sexual que me acompanhou
por longo tempo
nos desertos da lua vermelha.
Deixaste-me numa floresta vazia e riste
e mentiste para mim,
acabaram-se as viagens em vagões de segunda classe
com criancinhas no colo.
Ah! Esse vento de esmeraldas pulverizadas
que conduz ao cemitério.
Sozinha como a menina que fui,
vagueio pelos limbos
e meus gritos não têm resposta,
somente o uivo dos cães selvagens
na noite sem Cruzeiro do Sul nem Via Láctea,
e o abandono que desintegra a alma lentamente,
que a vai apodrecendo lentamente,
a alma penada que dói em todo o corpo,
que já não é acariciada, ao passar, pelas nuvens
de veludo nem pela lua de ouro.
.....................
Ela escutava a chuva
Ela escutava a chuva pesada do verão,
sua dor era visceral,
a chama ameaçava extinguir-se em seus ossos,
sua medula havia perdido todas as papoulas do júbilo,
às vezes permanecia calada,
como hipnotizada pelas gotas do silêncio,
às vezes se perdia nas teias da histeria
como uma vaga-lume enregelada
que buscasse refúgio num fosso,
suas mãos remexiam desesperadamente entre as cinzas,
uma figura antiga, toda vestida de luto,
lhe atirava um salva-vidas desde a praia brumosa.
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A CONSORTE DO FOGO
E o fogo é um resplendor que temos
aderido aos nossos corpos,
os vulcões precipitam sua lava em nossas artérias
e o vinho transparente da Alemanha
faz soçobrar os navios
que transportam o esperma do Leviatã
para os jardins flutuantes das ilhas do trópico.
Ali onde todas as portas estão fechadas
nascem a crueldade e o assassinato,
ali onde o leite dos seios
das mães torturadas brota venenoso,
pendendo como uma ponte quebrada
do gorjeio alucinante dos pássaros
e do fio de saliva dos anjos gatos.
Na forja de Vulcano desenrolam-se
as cordas incendiárias,
embebidas em fósforo,
que rebocam os últimos afogados
das cidades aprisionadas pelo dilúvio,
como aquários cegos e surdos
que acabarão se estilhaçando nas lápides sem nome
dos antigos cemitérios.
Brasas cobertas de cinzas mornas.
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Estás morta e sobrevives a ti mesma
Estás morta e sobrevives a ti mesma na folha,
metralharam-te e caíste ferida nos bosques;
tua hemorragia cobriu de estrelas cadentes as ervas do caminho,
chegaste à velha casa dos balcões
onde tua infância passou seus infinitos desamparos
e seus ramalhetes de delicadas diamelas;
há mulheres desconhecidas
que acariciam tua garganta nas águas do remanso,
teus ossos estão quebrados no pó
quando a outra moça chega e os restitui
aos seus velhos paraísos dolorentes;
a traída, a traidora,
a que chegou com as cinzas,
a que se parece contigo e foi fuzilada pelas costas.
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NOSTALGIA DE SAN CARLOS
Desço em minha última encarnação
ao rio profundo, mas não sei nadar,
vão me afogar
uma frugal tepidez de aguapés estivais,
um riacho de sol espectral entre as pedras
que conhecem a umidade das pétalas da íris,
frescos violetas, vaporosos de sal;
olhos de puma no cio, luzes más atrás do cemitério
e carinhos perdidos, transtornados em ódio cotidiano.
Ai, tesouro escondido da raposinha!,
tremedal de lua em plenilúnio;
já acabou o amor ciclamor das fogueiras,
o ressentimento é como a flor da cebola,
um punhado de pétalas esverdeadas
que soluçam inconsoláveis no abismo,
o botão do mal aniquila nossas esperanças,
o sono pesado que nos acolhe,
navegam-no as criaturas de um só e pálido ventrículo,
os moluscos cravos com ramos de centelhas.
Para trás ficaram
as vicunhas sedosas, o carnaval trêmulo.
Luciano presagioso carregando seus anos
em liteira fantasma de cachiyuyos escuros
e o mel enevoado nas alforjes
de tantos burros livres-arbítrio,
tanto guerrilhear celeste de pirilampos
no manicômio,
tanta coisa inaudita,
tanto milagre sábio
e tão pouco tempo usado para o êxtase.
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Ella escuchaba la lluvia
Ella escuchaba la lluvia pesada del verano,
su dolor era visceral,
la lumbre amenazaba extinguírsele en los huesos,
su médula había perdido todas las amapolas del júbilo,
a veces, se quedaba callada,
como hipnotizada por las gotas del silencio,
a veces se perdía en las telarañas de la histeria
como una luciérnaga aterida
que buscara refugio en un foso,
sus manos hurgaban con desesperación entre la ceniza,
una figura antigua, toda vestida de luto,
le arrojaba un salvavidas desde la playa brumosa.
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LA CONSORTE DEL FUEGO
Y el fuego es un resplandor que tenemos
adherido a nuestros cuerpos
los volcanes precipitan su lava en nuestras arterias
y el vino transparente de Alemania
hace zozobrar a los navíos
que transportan el esperma del Leviatán
hacia los jardines flotantes de las islas del trópico.
Allí donde todas las puertas están cerradas
nacen la crueldad y el asesinato,
allí donde la leche de los pechos
de las madres torturadas brota ponzoñosa
pendiendo como un puente quebrado
del gorjeo alucinante de los pájaros
y del hilo de saliva de los ángeles gatos.
En la fragua de Vulcano se desenrollan
las cuerdas incendiarias,
empapadas de fósforo,
que remolcan a los últimos ahogados
de las ciudades atrapadas por el diluvio
como peceras ciegas y sordas
que acabarán trizándose en las lápidas sin nombre
de los antiguos cementerios.
Ascuas cubiertas de cenizas tibias.
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Estás muerta y te sobrevives
Estás muerta y te sobrevives en la hoja,
te han ametrallado y has caído herida en los bosques;
tu hemorragia cubrió de estrellas fugaces las hierbas del sendero,
has llegado a la vieja casa de los balcones
donde pasó tu infancia sus infinitos desamparos
y sus manojos de diamelas sutiles;
hay unas mujeres desconocidas
que te acarician la garganta en las aguas del remanso,
tus huesos están quebrados en el polvo
cuando la otra muchacha llega y los restituye
a sus viejos paraísos dolientes;
la traicionada, la traicionera,
la que llegó con las cenizas,
la que se te parece y fue fusilada por la espalda.
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NOSTALGIA DE SAN CARLOS
Desciendo en mi última encarnación
al río profundo, pero no sé nadar,
me ahogarán
una frugal tibieza de camalotes estivales,
un arroyo de sol espectral entre las piedras
que conocen la humedad de los pétalos del iris,
frescos violados, vaporosos de sal;
ojos de puma en celo, luces malas detrás del cementerio
y perdidos cariños trastocados en odio cotidiano
¡ay, tesoro escondido del zorrito!,
tembladeral de luna en plenilunio;
ya se acabó el amor ciclamor de las hogueras,
el resentimiento es como la flor de la cebolla,
un manojo de pétalos verdosos
que sollozan inconsolables en el abismo,
el capullo del mal aniquila nuestras esperanzas,
el sueño pesado que nos acoge,
lo navegan las criaturas de un solo y pálido ventrículo,
los moluscos claveles con ramos de centellas
atrás quedaron
las vicuñas sedosas, el carnaval tremante.
Luciano presagioso acarreando sus años
en litera fantasma de cachiyuyos prietos
y la empañada miel en las alforjas
de tanto burro libre de albedrío,
tanto guerrillerear celeste de cocuyos
en el manicomio,
tanta cosa inaudita,
tanto milagro sabio
y tan poco tiempo usado para el éxtasis.
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TORRE INFINITA
Lloro porque he subido a una torre
de la que no puedo bajar,
lloro por todas las cosas perdidas que no recuperaré,
lloro porque he crecido y no puedo soportarlo,
porque he perdido el centro de gravedad del amor,
porque me extravié en una selva
donde todos los que están conmigo
son fantasmas translúcidos
y como en las novelas policíacas procuran
mi locura y mi extinción,
porque tengo miedo de la muerte
y sin embargo la sigo con pasos cautelosos
para que me mire y acabe conmigo en el azar
del punto y banca,
porque me han repudiado y han sacado a la luz
todos mis defectos,
porque sé que di todo lo que poseía
y ahora que estoy desnuda han echado mi corazón
al agua barrosa del pantano,
porque ya no hay canciones para mí,
porque también he sido estafada
y expulsada del Edén sin contemplaciones.
Corazón de cristal vas a estallar de desesperación
en la ciénaga músgosa
toda la magia del mundo no será suficiente
para preservar el ritmo de tus latidos solitarios
ni el hechizo sexual que me acompañó
por largo tiempo
en los desiertos de la luna roja.
Me has dejado en un bosque vacío y te has reído
y me has mentido,
se acabaron los viajes en vagones de segunda clase
con chiquillos pequeños en las faldas.
¡Ay! Ese viento de esmeraldas pulverizadas
que conduce al cementerio.
Sola como la niña que fui
deambulo por los limbos
y mis gritos no tienen respuesta
solamente el aullido de los perros salvajes
en la noche sin cruz del sur ni Vía Láctea
y el abandono que desintegra el alma lentamente
que la va pudriendo lentamente
el alma en pena que duele en todo el cuerpo,
que ya no acarician al pasar las nubes
de terciopelo ni la luna de oro.
Carmen Bruna é argentina, nasceu em Quilmes, província de Buenos Aires, formou-se médica em 1955, como pediatra, e este foi durante muitos anos seu trabalho na Patagónia. Apesar de suas funções, sempre dedicou-se às letras e especificamente à poesia. Teve três filhos, e publicou seu primeiro livro em 1979, chamado ‘Bodas’ (‘Casamento’). Segundo a autora, sua atitude “luciferana desencadeia a fúria ante a injustiça de nascer para envelhecer e em seguida nos convertermos em pó dos caminhos. Por isso em meu livro “A idosa das três serpentes”, evoco as palavras de Clarice Lispector: “Não vou morrer, escutaste, Deus? Não tenho coragem, ouviste? Não me mates, ouviste?, porque é uma infâmia nascer para morrer, não se sabe quando ou onde” (de seu livro “Água viva”, de Clarice Lispector, publicado em 1973). A leitora dos poetas franceses malditos e de André Breton, sempre se identificou com o surrealismo. Carmen Bruna faleceu em Buenos Aires, em 2014.